El arte de ser tú mismo en el trabajo: no te vistas para impresionar

El arte de ser tú mismo en el trabajo: no te vistas para impresionar

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(Expansión) – Mientras los trabajadores van de regreso a la oficina, muchos han sacado del fondo de sus closets viejos trajes, camisas de botones, vestidos y tacones “adecuados para la oficina”. Durante la pandemia, esos atuendos para trabajar estuvieron acumulando polvo en la parte trasera del guardarropa y pocos encontraron uso durante el confinamiento. Sabemos que las primeras impresiones son importantes – el código de vestimenta usualmente contribuye a la primera impresión – sin embargo, la pandemia nos enseñó que hay otras maneras de lograr una buena impresión más allá de las apariencias físicas y el código de vestimenta. Ver a una persona a la cara, con video de baja calidad por zoom en un cuarto oscuro, no será lo que nos ayude a generar una opinión sobre un colega.

En lugar de eso, la gente ha tenido que enfocarse en generar conversaciones con mejor contenido y mayor calidad, en lugar de depender de algunos puntos clave como el lenguaje corporal o el código de vestimenta para crear una opinión de sus compañeros de trabajo. De cierta manera, nuestro sesgo inconsciente tenía mucho menos material para trabajar en el mundo regido por Zoom que en la oficina real. En varias empresas, mientras adoptamos lo que fue conocido como la “nueva manera de trabajo”, tuvimos que lidiar con esos mismos dilemas y, aunque en muchas compañías nunca ha existido un código de vestimenta, mientras nos reencontramos con colegas y conocemos a otros por primera vez en persona, algunos de nosotros nos hemos llegado a preguntar cuál es el conjunto más apropiado para regresar a la oficina. Creo que mientras encontramos una respuesta para ese dilema, debemos de atenernos a los valores centrales de las empresas para resolverlo. En el mundo corporativo, una razón por la que existen reglas estrictas sobre el código de vestimenta es para eliminar la individualidad de sus trabajadores. Asegurarse que todos los empleados se vistan parecido, es una manera de homogeneizarlos para que su único propósito sea ser eso, “un trabajador” y no ellos mismos. La individualidad – y por lo tanto la diversidad – lejos de ser incitada, es desanimada. En muchas empresas amamos ver lo diversos que son nuestros equipos de trabajo y buscamos generar incentivos para que asistan a las oficinas vestidos como ellos estén más cómodos y se sientan más como ellos mismos. Como sabemos, y fue reforzado durante la pandemia, la manera en la que una persona se viste, su color de cabello, la cantidad de anillos que usa o qué tan apretados son sus pantalones, no son indicios de la credibilidad de una persona o el nivel de sus habilidades. Históricamente, las mujeres hemos sufrido de estos prejuicios por más tiempo: la manera en la que nos vestimos ha sido usada en nuestra contra en la fuerza laboral (pensar en que una mujer tiene menos credibilidad porque su falda es muy corta), para justificar acoso sexual (la pregunta frecuentemente usada: ¿qué usaba cuando fue abusada sexualmente?) o incluso en escuelas (los hombres pueden usar shorts pero como mujer es mejor que no enseñe mucho sus piernas).

Por lo tanto, es aún más importante para las mujeres sentir que su valor y credibilidad como profesionales no es afectada por la manera en la que se sienten más cómodas con su vestimenta. Mientras continuamos nuestro camino a la “nueva manera de trabajo”, debemos de abrazar nuestra diversidad y nuestra base de valores no vistiéndonos para impresionar, sino como nosotros mismos. Eso es lo que nos hace especial a una compañía y muestra que sus valores no son sólo “palabras en una pared” sino actitudes y prácticas que viven y llevan a cabo todos los días. Nota del editor: Angelique Marie V Wynants es Head of Mexico CX (Customer Experience) en Nu México. Síguela en LinkedIn. Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente a la autora. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

]]> Fuente: CNN

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