El emprendimiento tecnológico

El emprendimiento tecnológico

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El mundo está cambiando aceleradamente en gran parte gracias a la ciencia y a la tecnología. Una prueba evidente de este cambio es la forma en que los científicos de varios países lograron desarrollar, en tiempo impresionantemente breve, en comparación con lo que sucedía en el siglo pasado, vacunas en contra del COVID-19. Es innegable la forma en que la tecnología ha impactado en la vida de los seres humanos y, por ende, en el desarrollo social y tecnológico de los países; los cambios han modificado la manera en que nos comunicamos y nos relacionamos, la forma de aprender y trabajar, de hacer negocios y, en general, el modo en que se desarrolla cada sociedad.

Hoy, las nuevas tecnologías han modificado los paradigmas de los sistemas educativos de los países y la formas de crear empresas; se pueden producir prótesis humanas en impresoras de tercera dimensión; en el celular podemos medir el peso, la masa corporal, la quema de calorías, determinar si dormimos de más; se fuman cigarros electrónicos y hasta el almacenamiento de información que antes se hacía en grandes dispositivos, ahora se logra en pequeños chips de gran capacidad. Los cambios en tecnologías están repercutiendo en la transformación de la economía tradicional a una que depende cada vez más del capital intelectual y de las habilidades individuales, gracias a la rápida expansión del conocimiento y a la creciente dependencia de la informatización, el análisis de los grandes datos y la automatización. Eso es lo que conocemos como “Economía del Conocimiento”, un concepto popularizado por el famoso consultor de gestión empresarial Peter Druker, centrado en la esencial importancia del capital humano y en los activos intangibles, en este Siglo XXI. Se trata de una economía caracterizada por la presencia de cada vez más empleados con conocimientos o habilidades especiales que, contrario a la economía dependiente de la mano de obra, calificada o no, para la producción de bienes físicos, se compone más de industrias de servicios y empleos que requieren pensar y analizar datos, en las que los activos más valiosos son los intangibles como las patentes, los derechos de propiedad intelectual, el hardware o software especializados o procesos patentados. Es una economía que busca generar riqueza y valor utilizando información que transforma en conocimiento. Transitar hacia una economía del conocimiento puede enfrentar algunos problemas, ya que no siempre los trabajadores de la economía industrial tienen las habilidades necesarias para funcionar y ser óptimamente productivos en una economía del conocimiento; o se resisten al cambio. Vencer este reto implica, por un lado, que las empresas desarrollen amplios y bien estructurados programas de formación para la capacitación del personal, y por otro, motivar suficientemente a los empleados para recibir una educación complementaria para el aprendizaje de nuevas habilidades, fuera de su ámbito laboral. Por su parte, las universidades y centros especializados de enseñanza también se han adaptado a los cambios al reconocer que la mejor manera de impactar al mundo es desarrollando conocimiento en tecnologías aplicadas en la vida de las personas. Para ello es necesario que identifiquen cuáles son las habilidades y conocimientos que demanda la dinámica del mercado para ofrecer la mejor educación posible y lograr el salto de las aulas al emprendimiento científico y tecnológico a través de carreras STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, por sus siglas en inglés). Ante el contexto anterior, surge una pregunta: ¿tiene sentido emprender un negocio tomando como base la ciencia? Si la respuesta es afirmativa, ¿por qué no se fomenta cuando hay numerosos ejemplos en el mundo que dan fe de ello? Gary P. Pisano, Maestro de Administración de Empresas de la Escuela de Negocios de Harvard, habla de “innovar el modo en que innovamos” y señala que ciencia y empresa pertenecen a dos maneras distintas de concebir el mundo y que el primer reto es interconectarlas.

El problema está en los modelos de gestión, ya que no es lo mismo gestionar ciencia que gestionar empresas y la desconexión entre ambos mundos, el de los que generan conocimiento y el de los que se las ingenian para dar con fórmulas comerciales de éxito, es, en su opinión, uno de los grandes escollos a superar. Si lo pensamos y revisamos lo que hay, nos daremos cuenta de que hay pocos científicos con formación empresarial y mucho menos empresarios con formación científica o tecnológica. Entonces, es necesario contar con gestores de conocimiento claramente vinculados al mundo empresarial y a sus necesidades y maneras de concebir el negocio, además, que sean capaces de recorrer el camino inverso cuando sea necesario. Las empresas basadas en el conocimiento son imprescindibles para sostener un modelo productivo que no caiga en las burbujas especulativas y que, por consiguiente, quede al margen de crisis coyunturales. El fin de toda empresa es vender. Para vender hay que ser competitivo (en precios y calidad, por ejemplo) o innovador. Y para innovar se requieren ideas, muchas de las cuales surgen de la ciencia básica. Nota del editor: Pedro López Sela es Team Principal de ExO Builder, el ecosistema global de emprendimiento tecnológico más diverso del mundo. Ha co-fundado 10+ empresas y entrenado a 5,000+ personas en casi todos los sectores en Africa, América, Asia, Europa y Oceanía. Es un autor de innovación, negocios y emprendimiento reconocido globalmente. Como ponente internacional ha compartido escenarios con Peter Diamandis, Bob Dorf, Salim Ismail, Jeff Hoffman, por mencionar algunos. Síguelo en Twitter y en LinkedIn . Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

]]> Fuente: CNN

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