#Entrelíneas | El precio de las (malditas) vacaciones

#Entrelíneas | El precio de las (malditas) vacaciones

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La autollamada Cuarta Transformación alista un rasguño más a la política laboral. Primero fue la reforma laboral de 2019, luego el fin del outsourcing, las políticas para el trabajo remoto y, ahora, una recargada a la política de vacaciones. A través de Bertha Alicia Caraveo, senadora de Morena, pretende modificar el Artículo 76 de la Ley Federal del Trabajo para que el periodo de vacaciones pagadas en ningún caso pueda ser inferior a los 12 días al año. Sin duda, México tiene una gran deuda con las vacaciones. Hoy estamos en la tabla de los peores países con vacaciones pagadas. En Europa hay una cultura bien desarrollada en la materia: Reino Unido ofrece 28 días, Luxemburgo 26 y Francia 25. En América Latina, Nicaragua, Panamá, Cuba, Perú y Brasil otorgan 30 días de vacaciones. Aquí, solo 6 y uno que otro día feriado.

Bajo este panorama, esta medida implica un cambio en la cultura del descanso y un reconocimiento a las tendencias que se enfatizaron con la pandemia y que pugnan por un mayor cuidado de la salud y bienestar de los trabajadores. Pero, también, nos debería obligar a repensar la conceptualización que tenemos de las vacaciones, que hoy se entiende con ciertos toques paternalistas y punitivos. Sí, hay mexicanos que disfrutan de las mieles que provocan las vacaciones, pero en términos generales domina una cultura que tiene muy subvalorado el descanso. Hay quienes deciden no tomar vacaciones para no provocar la furia del jefe. Otros presumen, con una extraña dosis de orgullo, que no han tomado ni un solo día en dos o tres años. Hay algunos que piensan que no las merecen… El goce de vacaciones es parte de la vida laboral. El desconectarse genera resiliencia, bienestar y creatividad. Es una falsedad pensar que entre más tiempo se esté en el trabajo, el éxito vendrá por añadidura. A nadie le dan una medalla por vivir en la oficina. Los mártires del trabajo no son los mejores empleados. Conclusión: el periodo vacacional puede ser de 6, 12, 20 días, pero si no se entiende el fin mismo de esta medida, descansar, seguiremos atrapados en una hiperconexión que solo nos generará una falsa hiperproductividad y más estados de burn out y de depresión.

En México no se tiene data que nos permita ubicar la relación entre las vacaciones y los beneficios que éstas generan en la productividad y en el bienestar de las personas, pero sí está comprobado que hay una conexión. Según un estudio de la Asociación de Viajes de Estados Unidos y el proyecto Time Off, que implicó conocer la opinión de más de 5 mil empleados, aquellos que se tomaban menos de 10 de sus días de vacaciones al año tenían 34.6% de probabilidades de recibir un aumento o una bonificación en un periodo de tres años, mientras que quienes se tomaron más de 10 días tenían 65.4% de posibilidades. Por su parte, la Organización Mundial de la Salud sostiene que trabajar 55 horas o más a la semana se asocia con 35% más de riesgo de accidente cerebrovascular y 17% más de riesgo de morir por enfermedad cardíaca, que una semana laboral de 35 a 40 horas. ¿Estamos ante un costo o una oportunidad de tener un mejor capital humano? Visto así, debemos eliminar esos extraños resortes que nos hacen renegar del periodo vacacional. Las áreas de RRHH deben darle la bienvenida a este ajuste, no pensar en costos, sino en el mantenimiento que requiere el capital humano para rendir mejor. Los jefes, por su parte, revisar si son ellos los que no promueven las vacaciones y eliminar su toxicidad al respecto. “El empleado es ahora un cliente de experiencias. Hoy, los empleados consideran que la empresa les tiene que dar experiencias satisfactorias desde el reclutamiento, la compensación, el trato con el jefe, la inclusión, la libertad y seguridad sicológica; cuando la experiencia es mala obviamente se desmotivan, se desenganchan y se van. Hay que tratar al empleado como un cliente”, dice Rogelio Salcedo, partner y general manager de la consultoría Olivia. El foco debe estar en la productividad, no en controlar la hora y la jornada de trabajo. Hay que olvidarse del micromanagement, confiar más, medir por resultados, impulsar mejores hábitos de trabajo. El liderazgo, después de la pandemia, no debería perder su enfoque de humildad y de humanidad; seguir conectado a la emocionalidad y enfocado en las habilidades sociales y no en las técnicas. Comunicar mejor el propósito y no estar arrastrando al equipo. Es managing by purpose, no managing by force.

********** Esta historia tiene otra cara: el costo laboral que implicará su implementación. Los patrones, en este momento, seguramente ya están calculando el costo incremental de esta medida. De inicio, no está claro qué pasará, por ejemplo, con la prima vacacional. Se espera que, junto con un mayor ausentismo con días pagados, también haya un impacto en la prima vacacional asociada. De igual forma, no se sabe cómo se moverá la tabla de días otorgados con base en la edad de los empleados. Se desconoce si se tomará en cuenta el largo historial laboral de quienes, por azares de la vida, renuncian a sus viejos trabajos y continúan en un nuevo empleo. Esta iniciativa no considera un mercado laboral de alta rotación y parece estar hecha bajo el viejo esquema meritocrático en el que se tenía que hacer antigüedad para “merecer” más días de descanso. El costo laboral se incrementa y, en consecuencia, el gran reto está en mejorar nuestra productividad para ser competitivos frente a otros mercados. Ahí está nuestro Talón de Aquiles o nuestra gran oportunidad. Nota del editor: Jonathán Torres es socio director de BeGood, Atelier de Reputación y Storydoing; periodista de negocios, consultor de medios, exdirector editorial de Forbes Media Latam. Síguelo en LinkedIn y en Twitter como @jtorresescobedo . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

]]> Fuente: CNN

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