Renuncias recaudatorias: más problemas, menos soluciones

Renuncias recaudatorias: más problemas, menos soluciones

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(Expansión) – Recientemente descubrí un lugar nuevo para comer. Llamó mi atención la calidad de los ingredientes, la amabilidad y sobre todo el gran corazón de las dueñas para compartir sus creaciones culinarias con aquellas personas que, por diversas circunstancias, no cuentan con el dinero suficiente para pagar por su comida. Sin duda este gesto debe ser reconocido, pero ¿qué pasaría si, en un ejercicio hipotético, la lista de “beneficiarios” aumentara? Lo más probable es que el crecimiento y la consolidación del proyecto familiar se vería afectado.

No dejo de pensar en la similitud que tiene este ejemplo con uno de los problemas que aqueja a las finanzas públicas del país desde hace muchos años. En México y el mundo se utiliza el concepto de renuncias recaudatorias —antes conocidas como gastos fiscales— para identificar el monto de recursos que deja de recaudar el erario federal por el uso de tratamientos preferenciales que se aplican a los impuestos. A diferencia de la cocina, en donde se puede ver e interactuar con las personas para determinar si pueden acceder o no al beneficio, en las renuncias recaudatorias no es claro quién se beneficia de los distintos tratamientos preferenciales. De acuerdo con la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, el monto agregado de renuncias recaudatorias aumentó este año en comparación con 2021, lo cual estuvo asociado, principalmente, al estímulo fiscal del IEPS que se aplicó a los combustibles, así como a la tasa cero de IVA a alimentos, medicinas y suministro de agua potable. Siguiendo la analogía de la cocina, este incremento sería equivalente a otorgar descuentos, subsidios, créditos y comidas gratis de manera generalizada. Aunque en ambos casos se deja de percibir un ingreso, la pérdida resulta ser más costosa cuando no se garantiza y vigila la efectividad de los apoyos, como en el caso del erario. Más renuncias recaudatorias es sinónimo de menores ingresos. Por ello, es importante realizar una evaluación profunda para identificar cuáles tendrían que ser eliminadas en el corto, mediano y largo plazo. La idea es evitar el uso discrecional de los tratamientos preferenciales, así como garantizar la existencia de evaluaciones de incidencia y efectividad que sustenten, en su defecto, su permanencia. Un ejemplo útil para ilustrar la importancia de este tema es el estímulo fiscal a combustibles. Todos los estímulos fiscales tienen su origen en la Ley de Ingresos de la Federación, en Decretos Presidenciales o bien, en la Ley del Impuestos Sobre la Renta. En el caso particular del estímulo fiscal del IEPS a combustibles, este se establece mediante Decretos Presidenciales, por lo que no necesita justificación alguna para implementarse. El objetivo del estímulo es evitar el incremento de precios en el consumo final de gasolinas en nuestro país, producto de los elevados costos de los hidrocarburos a nivel global. Las cifras oficiales señalan que el estímulo actual asciende a 328.3 mil millones de pesos y pasó de representar el 0.3% del PIB en 2021 a 1.1% en 2022.

Diversos especialistas han señalado que este apoyo es una medida regresiva, puesto que beneficia más a las personas de altos ingresos, toda vez que, al hacer un mayor uso de sus vehículos, consumen más gasolina. La mitad más rica del país, es decir, aquellos que se encuentran en los deciles V a X, absorben el 80% del subsidio, en tanto que la mitad de menores ingresos (deciles I a V), se beneficia con tan solo el 20% del estímulo. Los porcentajes indican que la focalización del apoyo no se está dando de manera adecuada y que es necesario replantearlo. Como se podrá notar, esta medida generalizada, que no distingue niveles de ingreso, en realidad podría ser una representación a gran escala de lo que ocurre en la cocina. Cuando se otorgan comidas de manera indiscriminada, se deja de percibir ingresos, se beneficia muy poco a quien realmente lo necesita y quienes pueden pagar, no lo hacen. En el caso concreto de la gasolina, sería mejor focalizar el estímulo en el diésel, puesto que es el combustible más utilizado por el transporte de carga. Esta acción tendría mayor impacto en los hogares de menores ingresos, pues estaría contribuyendo a contener el aumento de precios en alimentos que les afecta más. Al igual que el estímulo fiscal a las gasolinas, existen otros tratamientos preferenciales que también pueden ser analizados bajo la misma perspectiva. Identificar de manera puntual a los beneficiarios y garantizar la eficiencia de los apoyos pueden contribuir de manera importante a limitar y reducir el crecimiento de las renuncias recaudatorias en nuestro país, especialmente en tiempos de incertidumbre económica como los que vivimos en la actualidad. La realidad es que la complejidad para seguir atendiendo las necesidades de gasto provocará, tarde o temprano, que la administración federal lleve a cabo una evaluación exhaustiva de las renuncias recaudatorias. Nota del editor: Arturo Franco, investigador de Finanzas Públicas en Ethos Laboratorio de Políticas Públicas. Síguelo en LinkedIn. Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

]]> Fuente: CNN

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